Tenía 51 años y llevaba media vida en el corredor de la muerte. A los 18, en 1971, fundó los Crips, la banda del pañuelo azul, una de las primeras pandillas callejeras de Los Ángeles. Diez años después, fue condenado a muerte por el asesinato de cuatro personas. Siempre defendió su inocencia.

Desde prisión, renegó de su pasado pandillero y se convirtió en uno de los más activos luchadores contra la violencia de estas bandas. Escribió nueve libros para niños donde intentaba explicar a los chicos de la calle por qué no debían sumarse a las pandillas. Fue propuesto en seis ocasiones como candidato al Nobel de la Paz.

Recientes testimonios han puesto en duda su culpabilidad. Uno de los testigos clave ha desvelado que se falsificaron algunas pruebas en su contra. Era un icono mundial contra la pena de muerte.

Terminador no le ha perdonado. Arnold Schwarzenegger se ha negado a firmar un indulto que podría dañar aún más su mermada popularidad. Stanley Tookie Williams ha sido ejecutado hace unas horas.

La última vez que un gobernador de California concedió un indulto para un condenado a muerte se remonta a 1967. La firma fue de Ronald Reagan.

Vía escolar.net

Ahí está, sí señor, viva el espíritu republicano norteamericano